Primero de los propósitos de Año Nuevo: Ir al gimnasio.

Y voy yo, que soy medio boba, y lo cumplo. ¿A quién se le ocurre?

Al día siguiente fui al cine y os juro que no podía bajar las escaleras esas apaisadas de la sala. Intenté bajar a saltitos, pero parecía un pato, así que opté por bajar de medio lado, ante la mirada compasiva de los allí presentes que creían que había tenido un accidente gordísimo, o bien que tenía alguna enfermedad neurodegenerativa. Pero vamos, que me miraban con pena.

De hecho me estoy acordando que antes de entrar en el cine, fui al servicio y ya sabéis que en esos sitios no se puede tocar nada que no sea la puerta y solo para cerrarla. Luego haces pis en el aire, sin rozar nada y con una media sentadilla para no mojarte. Es así verdad?. Bueno, pues no había forma de hacer la maldita sentadilla y en vertical no se puede hacer pipí. En serio, no se puede.

Propósitos de Año Nuevo…a quién se le ocurre…

No os riáis porque fue un momento muy duro y perdí el equilibrio así que tuve que apoyarme en las paredes y creo que voy a amputarme la mano derecha.

Y es que jamás, en mi vida, y cuando digo jamás, digo EN MI VIDA, había tenido semejantes agujetas. Me dolían y de hecho aún me duelen, los muslos, por delante y por detrás, los glúteos, los tríceps, el pecho y el cuello, la espalda, y he descubierto zonas de mi cuerpo que desconocía que pudieran doler, como los párpados.

Lo que menos me duele son los abdominales, se ve que hice pocos….

En realidad fui por acompañar a mi señor esposo, que es el que se ha apuntado en clase Premium, para poder quedarse a vivir en el gimnasio si así lo desea y como le amenacé con un divorcio «express» si mi regalo de Reyes era un bono de seis meses para ir al mismo gimnasio, y me sentía un poco bruja, decidí acompañarle como visitante.

Él cogió la tabla de «quemagrasas», que yo no necesito en absoluto 😉 , pero por no llevarle la contraria me puse a hacer lo mismo que él: tropecientas zancadas con mancuernas, sentadillas con la pesa rusa esa de mil demonios, press de pecho, de tríceps y de lo que hubiera, dominadas con asistencia (porque sin asistencia ni de coña), la plancha ventral y lateral, mil horas con la elíptica como si no hubiera un mañana y otras mil horas en la cinta como si me persiguiera un elefante.

Y he de decir que en esos momentos me sentía hasta bien. Es decir, hacía mis paradillas, bebía agua, observaba a los titis sacando el higadillo mientras levantaban pesos muy por encima de sus posibilidades y a las titis prietas subiendo escaleras sin respirar…y me lo estaba pasando de maravilla.

Cuando terminamos y bajábamos las escaleras hacia el vestuario, mi marido me dijo: -¡uy!, estoy un poco cargado de piernas. Yo contesté: -Pues yo estoy fenomenal!!

Ya, y una porra.

Llevo dos días sin pegar ojo, porque darme la vuelta en la cama es más difícil que coser a oscuras, no puedo hacer pipí, porque no me puedo sentar en el water, que está muy abajo (¿siempre ha estado así de bajo?), ponerme los calcetines es misión imposible y os juro que si me roban el bolso en plena calle no podría hacer ni el amago de perseguir al ladrón. Ni el amago.

Os aseguro que lo de tomar azúcar no sirve para nada, porque llevo tres días poniéndome tibia a roscón y esto no mejora.

Menos mal que en Xtusalud tenemos los mejores fisios, traumatólogos, reumatólogos y hasta psicólogos que me van a enseñar que cada uno tiene que saber donde están sus límites, que hacer deporte es sanísimo e imprescindible, pero que no hay que hacerlo todo el primer día porque luego pasa lo que pasa.

Y en nuestra tienda natural Xtusalud que está ya a puntito y en nuestra parafarmacia voy a poder encontrar algún reconstituyente que me devuelva al mundo de los vivos….

Igual salto al segundo propósito de Año Nuevo, que era aprender chino, seguro que va a ser más fácil y menos doloroso. Ahí lo dejo.

Xtusalud y la de los tuyos.